Análisis de Blunderbuss, el nuevo disco de Jack White

El crisol de estilos detrás del hombre de rojo, negro, y blanco.

Azul, blanco y negro para lo nuevo de White.


Después de haber influenciado y amoldado a su antojo la escena del rock con sus anteriores bandas, John Anthony Gillis, también conocido como Jack White, nos trae como regalo su nuevo álbum solista, Blunderbuss. Dicho material ha sido esperado con ansias por parte tanto de aquellos que esperaban ver los restos de sus anteriores proyectos (The Raconteurs, The Dead Weather, y por supuesto, The White Stripes) así como por los que apostaban a lo nuevo.

El mejor punto de inicio para analizar una obra como esta, tiende a ser la comparación entre lo nuevo y lo restante de la discografía del artista en cuestión. Así, después de  escucharlo por primera vez, Blunderbuss deja claro que no puede ser descripto como un simple punto medio entre los tres antiguos grupos de White, sino más bien como una nueva dirección, un gusto personal del cantante en el cual se dedica a explotar sus talentos naturales. Sonoramente, está más próximo a The Raconteurs, tanto por la instrumentación como por el rock sesentista influenciado por el country que Jack parece llevar en la sangre a partir de su Detroit natal. También nos encontramos con escasas demostraciones del punk/blues inmediato de los Stripes, y aún menos del avasallante hard rock de The Dead Weather.

Aun así, y teniendo en mente lo anteriormente escrito, es curiosa la manera en la cual Jack White no se preocupa por ampliar sus límites, pero sí en perfeccionar el rock que parece manejar muy bien. Lejos de las restricciones y las opiniones que le podrían molestar al ser parte de una banda, White adopta varios estilos, pero no experimenta con ninguno nuevo. Como principal medida para evitar el deja vu, la utilización de las guitarras es bastante restringida en comparación con lo ya conocido. La mayor parte de las canciones son conducidas por el piano y el teclado, acompañados de un violín. Como excelente ejemplo de esto encontramos las sombrías pero realistas “Hypocritical Kiss” y “Weep Themselves to Sleep”, ambas escalando y liberando su tensión gracias al uso del piano en perfecta sintonía con el ritmo y la voz de White. El oyente quedará asombrado al darse cuenta de que la única canción que comienza con un sólido riff de guitarra es “Sixteen Saltines”. Aquel que buscaba ese vestigio de la característica crudeza de su guitarra, se sentirá satisfecho al escuchar los tantos solos que contiene el tema.

La implementación de dos instrumentos de teclas da cuenta de el óptimo cover “Im Shaking”, de un humor terriblemente alegre e ingenuo que es transmitido al que tiene los auriculares puestos. Y como obviar el riff final de “Take Me With You When You Go”, que reinserta variedades  que están ausentes en la primera mitad del disco.

Como de costumbre, las mejores letras de White son aquellas que hablan sin reservas de su relación con el sexo femenino. Por eso compone versos de autoestima como también versos de rencor y displacer. En la apertura, “Missing Pieces” culpa a alguien de haber sido tan necesitado, que cuando finalmente se fue, se llevó algunos pedazos consigo. ”Poor Boy” habla de la esencia del perdedor, “I Guess I Should Go To Sleep” cuenta sus vivencias de discutir con alguien tan a menudo y de una manera tan dolorosa que ya no sabe que más hacer, y “Love Interruption”, el aclamado primer single de esta obra, resume perfectamente la manera ácida y humorística de White de lidiar con sus problemas y con los resentimientos que muchas veces nos parecen irreparables.

Como todo buen álbum, Blunderbuss es cohesivo. Contiene momentos sumamente excitantes y memorables, y todos parecen tener sentido como parte estructural de una obra superior. Según el mismo White, este álbum solamente podía ser presentado bajo su propio nombre: son canciones que hablan de su punto de vista de las cosas, de su destino, de sus acciones, y no tienen nada que ver con otra persona o con otra cosa. En este sentido, White se vale de una aproximación a los rasgos del folk y del blues para regalarnos una obra potente, sentida, hecha desde su propio interior. Sin medias tintas, nos presenta su arma de fuego como el nombre del álbum en inglés indica. Es su primera exploración, y por supuesto, continua asombrándonos con una fuente de talento que muchas veces parece inagotable.

 PUNTUACIÓN: 9/10

por Agustín Schiavon Kowalski (redactor invitado)

Acerca de nehuenseo

El Frontman es una organización que engloba a El Frontman Revista Digital y Foosis Rock, un blog de prensa escrita y una radio, respectivamente. Son proyectos muy pequeños pero que no dejan de ser ambiciosos. Ojalá los disfrutes tanto como yo.

Publicado el abril 27, 2012 en discos y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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